domingo, mayo 20, 2007

La senda de una vida sin ensayos
La repetición eterna de cada dolor, alegría, de los instantes de la vida es la sumatoria del discurso que Nietzsche nos presenta en su peso formidable, donde aparece el demonio y te cuestiona sobre tu existencia, sobre tu felicidad, tu insipiente dolor acumulado por días y años, por las imágenes que viste a través de tus cristales ópticos, la imagen errónea de tus venas entumidas por la idea de volver a realizar cada acción de tu vida una y otra vez, el eterno retorno masticado. Milan kundera descifra el angustiante dardo que Nietzsche nos lanza, esa verdad que aprieta nuestros actos y los lleva al cuestionamiento de la vida.

Para Kundera la idea del eterno retorno es la suprema confirmación del peso sobre la vida, aunque también es la carencia de este, es decir su contrario, la levedad, la dualidad entre dos conceptos que dan color a los latidos que sentimos. Independientemente de lo decadente, elevado, surreal de tu vida, esta ya no existirá pues la única vida, el polvo del polvo. Es la parte nihilista de la vida, pero también es la parte dionisiaca, la epopeya del placer en las diferentes variables humanas, felicidad, angustia, orgasmo, dolor; el sitio en donde se vierten las aguas de la incertidumbre del no ensayo de la vida, pues recordemos que no se puede actuar dos veces en un instante que ya pasó. Por lo que el peso[1] formidable radica en el vivir diario, en la senda de una vida sin ensayos.
[1] Aquí podemos ver otra categoría del peso muy diferente al peso del “debes” que se nos presenta en la creación sin embargo este peso también ejerce influjos sobre la creación humana.

Sencillo, quiero tocarte y besarte
El resto es obvio……

domingo, mayo 06, 2007


Desencajado


Reaccionó acosado ante la seudoconcreción de sus sueños rotos por el banal espasmo de soledad que lo mantiene enjaulado entre el gris enfermo de su vida. Caminó por suelos llanos de esperanza, por callezuelas de infinito cielo semi-estructurado, nunca encontró nada verdadero entre sus pasos; solo alcohol con sus diferentes consanguinidades, lluvia de instantes de euforia, rendijas de llanto interno, de implosión de lagrimas que lanzaron fuego de ficción, de la ficción en la que navegó por días de felicidad temporal, de malformación de risas, de su propia malformación de su cara en caras, las largas carcajadas de sus alter-egos, la maldita suerte del ser anulado de coherencia en acciones establecidas. Siempre miró al cielo buscando un lagrima verdadera o buscando al hondo lago con sus peces de gas en combustión de estrellas, siempre miró al suelo buscando el centro del corazón de algún gigante que reposaba dentro la coraza terrea del mundo, tal vez encontró lo que quería ver, su realidad, seguro la vio o quizá tal vez el nulo resultado de su búsqueda destripó su volátil cuerpo repartiendo sus esquirlas por el perpetuo tiempo, pues ya no lo he visto, pobre desencajado, pobre loco ¿quién lo extrañara? …

Dos pétalos, dos percepciones.

Dos pétalos de la marginalidad caminan entre las vías del tren de occidente. Sus pasos son lentos y ausentes de peso, levitando por encima de las piedras azules que cubren las maderas y el hierro del camino del tren. Es de tarde, de esas tardes en las que ya la oscuridad comienza a despender su telaraña nocturna al sol que huye a refugiarse de esa trampa detrás líneas de cerros del paisaje dejando una estela de color magenta. Los pétalos siguen andando sin preocuparse de la oscuridad que, una vez más nace en sus vidas diarias, y mientras avanzan platican con diálogos de esperaza de sus infectados espasmos de vida.

Margarita - cada vez que camino por aquí recuerdo a aquel corcovado que corría tras del tren, sin zapatos, ese que sus pies sangraban por el desgaste material de las piedras, siempre en busca de su sueño estéril, ser un polizonte que viaja al norte del país en busca de la imagen equivoca del bienestar económico y de salud; recuerdo que un día él me dijo que allá le quitarían su loza inefable de la espalda y que , después de eso, sus pasos serían mas rectos, mas hermosos; yo nunca le creí eso, es más le dije que no hacia falta quitarse esa seña tan bella de su persona, que no era necesario ir tan lejos a buscar esa falsedad de bienestar efímero que poco a poco destruiría su vida en medio de la explotación corporal y mental que le sucede a todos los que se van para allá, pero él nunca me hizo caso. Recuerdo su rostro, florecía en él una esperanza, cada vez que hablaba sobre su partida los ojos se le cristalizaban y parecían dos grandes insectos, un escarabajo y un mayate, negro y verde en su mirada de sueños; cuando el tren se acercaba al barrio él comenzaba a preparase, con su cuerpo lento y pies descalzos, para el asalto de su botín de “la bestia mecánica”, como él la llamaba; un día me dijo que cuando logrará su hazaña ya nadie de por aquí lo vería jamás en sus insípidas y deplorables vidas, que cuando él tuviera la perfección de su cuerpo ninguno de nosotros, ni tu, ni yo, podríamos observarlo en su verdadero esplendor; yo le dije que eso era una ilusión que nunca lograría y él trataba de negarse a eso; le dije que aquí tenía lo que necesitaba para vivir feliz, bueno al menos en la felicidad que nosotros sabemos que hay, pues cada barrio o ciudad tiene sus diferentes tipos de felicidad, por que es diferente la percepción, la vida, acá se vive con sangre, puñal, golpes, sueños, amor, allá no tengo idea pero supongo que no es igual, sin embargo esta felicidad, la nuestra es mas humana, mas fiel al sentir corporal y emocional, esto lo digo por todo lo que hemos vivido, pero no me hizo caso, nunca me ponía atención. Un día, creo que por estas fechas, desapareció, tal vez logró su meta, su sueño motor de su felicidad, tal vez murió en el intento, o quizás se fue del barrio por la vergüenza de no lograr, en cuatro años, su objetivo. Pues recuerda que era demasiado lento y torpe, que sus pies estaban casi muertos por la putrefacción de sus heridas, todo por una ilusión de belleza, él mismo se carcomió su cuerpo, desde su nacimiento llevo ese estigma de flagelación y hasta en sus mismo sueño roía su mente; nunca le dije que lo quería, fue mejor así, solo recuerdo su silueta, sus gestos, su joroba, sus pies de color confuso y su sueño que al final de cuentas lo busco, me pregunto, ¿Realmente vale la pena un sueño, que sin importar que destruyamos nuestro cuerpo, nuestra mente y a los demás, hagamos acciones de flagelación para conseguirlo? ¿En qué momento ese sueño se convierte en obsesión, en mentira de una realidad, en la realidad de una mentira llamada vida?
Sofía- No lo se, desde hace unas horas no enfoco bien ninguna forma que nos rodea, y tus palabras ni siquiera retumban en mis tímpanos, creo que es el efecto de la droga, a ti te hizo bien, a mi me esta matando.
Quetzal de Oliva Peyotl

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