Negro, gris, blanco y Río escondido.
Una silueta lánguida femenina se consume en tiempo, en un instante que se muere en el precipicio de la pobreza y miseria hostil; la densidad de la atmósfera llega a degollar una anémica mirada hacia el porvenir de un país surrealista; los sueños se pierden entre el peso del majestuoso cielo nublado y frío del páramo norte mexicano; los matices se bañan en el gris que conforma el infinito de la percepción óptica; las misiones se ven devoradas por los desquiciados dientes de la intemperie que con su saliva falaz se muestra omnipotente ante la fragilidad humana; el camino es largo, ampuloso y perpetuo; los prismas de la tierra se desdibujan entre las nubes de tinta que rozan, como en un pensamiento, las delgadas líneas del paraje; el cielo es enormidad y la silueta femenina es una simple voluta de carne que armoniza el encuentro entre los cósmico y humano. Más tarde antorchas sobre brazos humanos, entre sombreros gastados y callos desorbitados; un pueblo que se levanta ante la difícil tarea de defender de la cobardía su humanidad con la palabra de justicia entre sus labios de barro; la iracunda mirada se sobresale de la orbita finita de los ojos y busca una respuesta entre el murmullo de la noche accidentada. Los caballos desposeídos de libertad corren con el doloroso tumor del jinete malvado; su relinchido se muere en ecos desgastados por la tinta; el paisaje que detrás de sus figuras esté, se confunde con la perversa mirada del porvenir.
La anterior descripción representa un prologo óptico de grabados eternos del artista Leopoldo Méndez que se utilizaron en la película Río escondido. Las imágenes de estos grabados son consustánciales y parten del gris para demostrar el sentimiento de suplicio de un pueblo surrealista como es el pueblo mexicano. El inicio de la camino al devenir de una película importante en la construcción del cine mexicano, que tuvo nacimiento en el año de 1947.
Río escondido es una película creada por talento que representa Emilio “el indio” Fernández, en la cual experimenta fuertemente con la estética fotogénica de su gran influencia revestida en la brillante personalidad del soviético Sergei Einsenstein. La película se alimenta de musarañas nacionalistas y duendes demagógicos, pasando por el peso de una misión realmente quimérica y el empacho trágico hasta la decadente miseria humana.
La película Río escondido narra una historia de “ideal” e irreal, donde por encargo del propio presidente de la república y a pesar de que está enferma del corazón, la maestra rural Rosaura Salazar sale rumbo al pueblo de Río Escondido para incrustarse en la escuela que esta cerrada por el capricho de un villano. Tras su llegada, Rosaura debe enfrentar al cacique Regino Sandoval, quien explota y niega el agua a los campesinos, villano que ha clausurado la escuela e intenta imponer su hombría como ley natural de Rió escondido.
La pesadez del cielo y de las imágenes
El cielo es la gran cúpula que encierra el mundo dentro de la pequeñez de la apreciación visual. El arrebato que nos proporciona esta idea resulta de la ligación del cielo infinito y la figura humana como tal. A lo largo del país de México, encontramos innumerables paisajes que detonan esta idea, donde la escasa figura humana se contrapone ante el esplendor del ave celeste. Este dimensional contraste nos ocasiona respeto ante la naturaleza. El cielo como figura falaz es una víctima de la exageración de la importancia en el acontecer de la raza humana, desde el inicio de los tiempos es este gran espectro azul es símbolo de la divinidad, de lo ultraterreno, de lo perpetuo. La mayoría de las culturas (si no es que todas) que alguna vez habitaron este mundo, y todavía las que habitamos y coexistimos en este presente, han y hemos dado una importancia de sobre valor al cielo desde el punto de vista irreal.
En la película de Río escondido nos topamos con esta afirmación en las imágenes que se proyectan, en cada escena donde el contraste claro-oscuro juega con la nimiedad humana y la grandeza del cielo. Debido a la importancia del cielo como representante de esta “divinidad” es que adquiere, por disposición del director de la película, un peso que actúa sobre cada actor en donde la escena muestra esta disparidad de formas y dimensiones.
El peso que adquiere el cielo en la película nos evoca a la pesadez del deber hacer y trata de romper con la misma decadencia que se muestra en su afirmación. Es decir, la pesadez del cielo remite a la voracidad de la injusticia y opresión, es un elemento de seducción al espectador y lo encierra en la idea de la tristeza, pero a la vez esa esperanza en su grandeza celestial afirma la posibilidad de romper con lo anterior.
El cielo en todo su esplendor es una recurrente escena en la película Río escondido y Emilio Fernández lo desnuda ante el espectador de la forma más divina y pesada. Por eso en la película la dualidad en la que actúa el cielo nos remite a esa atmósfera resplandeciente y densa en la que vivimos y actuamos. Por tanto, el peso que engendra el cielo en las imágenes de la película no solo engloba a las escenas, sino también al espectador que las mira y, es ese peso que se expresa en un concepto cinematográfico que Einsenstein hacia llamar extática.
La extática como concepto describe y expresa la sensación de éxtasis que la imagen como representación plástica crea en los espectadores por medio de una visualización, un mero orgasmo visual que termina en la emoción del instante de persuasión, solo que en el caso de la película de Emilio Fernández la extática se pone la máscara del peso, pero no por eso deja de excitar hasta el limite las retinas húmedas y vivas del público.
Al hablar de una pesadez en las imágenes no solo refiere a las escenas donde aparece el cielo como fondo majestuoso, sino a la existencia de una verdadera loza en escenas donde se pone de manifiesto la beldad fotográfica, que tiene un punto relevante en la cinta de Emilio Fernández, mostrando el sentido artístico de este director y su talento para envíar ese mensaje de belleza en lo mexicano humilde y desolador que puede ser visto en los pueblos rurales alejados de la “civilización” de México.
La influencia de la estética
[1] de Serguei Einsenstein en la película de Río escondido.
Se ha hablado de la influencia del soviético Seguei Einsenstein en el cine mexicano y la película Río escondido es un ejemplo nítido de este influjo. Desde el inicio de la película, la notoria secuencia fílmica de la lentitud de imágenes sobrellevada por el sonido trepidante del corte musical que entreteje la percepción del auditorio presente y, la manera en como los rostros y juego de sombras en los retratos humanos se expresan con gesticulaciones tatuadas de dolor y esperanza, son un signo distintivo de la escuela cinematográfica que creo Einsenstein en México.
Las escenas y sus variadas formas de paisajismo y rostros en primer plano, nos enseñan la disposición del director a lograr un énfasis en la condición humana y dentro de las imágenes decadentes de figuras humanas trastocadas por el vacío de la pobreza, se nutre esta verdad inevitable de querer llegar al espectador y crearle reaccione en su mente para despertar la conciencia de justicia social. El abordaje recurrente de este tipo de imágenes que crean una sensación la mayoría de las veces de conmiseración hace de la película una semilla que germina en los ojos del espectador y termina floreciendo en la mente de todo el auditorio. El juego con estas escenas no muestran ese legado que Einsenstein dejó en el cine mexicano y que es retomada por muchos directores mexicanos para la creación de las películas con tremenda estética en imágenes.
De acuerdo a la visión de Hegel de que “el verdadero fin, aunque no el único, del arte es revelar la armonía entre el espíritu y al forma, es realizar la conjunción de tres ideas: lo bueno, lo bello y lo divino” (Hegel, 1946) y que esto, por lo tanto, es el asunto que preocupa a la estética como tal, entonces podemos decir que parte de lo dicho en este escrito puede ser fruto de una estética “Einsensteiniana”. Si lo bello en la película de Río escondido lo dan los paisajes del páramo mexicano, entonces se esta hablando de una búsqueda por elevar esa terrenalidad del árido pueblo a lo divino que, resulta de por si, un acontecimiento. Pero esta estética que reafirma la fidelidad de la imagen y expresa el sentimiento de la misma, y que nos lleva a experimentar dentro de nuestra sensibilidad el sentimiento que se pretende dar a conocer es realizar esta conjunción de que nos habla Hegel Debido a esta preocupación por lograr esa estética de cómo debe de hacerse el cine revolucionario y, por lo tanto fomentar la extática en los espectadores, es como se da este juego de creación humana en imágenes y la vulnerabilidad del sujeto espectadora al contagio de la imagen como fuente de de sensaciones.
Una imagen donde se puede ver claramente la influencia de Einsenstein en la estética del cine mexicano y más en la película de Emilio Fernández, es la escena donde aparecen tres mujeres vestidas con manta, reboso enrollado en sus cuellos protegiéndolos del viento y el polvo, sus manos ocupadas por el peso de la silueta de unos cantaros llenos del escaso liquido acuífero que se encierra entre el barro de molde; las tres mujeres tienen la mirada perdida en el perpetuo cielo gris y su pesada atmósfera que las aísla en su pequeño mundo rural; a un lado de ellas, un árbol carente de vida expuesto al sol perdido y al soplo del norte se confunde con su tristeza ; al fondo del cuadro una casa vieja roída por el cruel tiempo, sus ladrillos se desmoronan como el sueño interrumpido; al final, la imagen resalta la vulnerabilidad humana ante los elementos naturales, el tiempo, el cielo y la misma muerte del árbol. Y es esa fidelidad del instante de la tristeza de las mujeres la que se pretende llevar al espectador entre sus nervios y es consecuencia de la búsqueda de la estética y la extática que Serguei Einsenstein mostró en su obra ¡que viva México!
El sanguinario ejemplo de “caciquismo” representado en Regino Sandoval
La imagen de un hombre duro, cruel y con el seño fruncido, capaz de hacer cumplir sus más descabellados caprichos, que monta su caballo y muestra orgulloso ante su sequito de lacayos pervertidos por el dinero; un hombre fatal que mata al que interrumpa su camino de ambición, que se enaltece con su infamia mortífera y que cree ser el amo de un terruño olvidado por las manos de un dios perturbador, es la imagen clásica del cacique mexicano.
En la película Río escondido Emilio Fernández toca el tema del caciquismo y nos regala una fotografía curda pero real del poder-temor que puede implantar un hombre en un pueblo tan pequeño y pobre. La representación de la barbarie y decadencia de un hombre como el personaje de Regino Sandoval y su comitiva desalmada, nos enseña parte de la historia tantas veces olvidada por simple comodidad. En tiempos anteriores a la revolución mexicana, el caciquismo era notorio y la degeneración que este implantaba en los pueblos mexicanos fue inefable, sin embargo con el triunfo de la revolución este caciquismo continuó desarrollándose en ciertas zonas marginales del país mexicano, por lo que en la película aquí tratada se nota con claridad este tipo de “gobierno”.
Hablar de un poder-temor es cuestionar su calidad de bienestar en todos los niveles de la vida. El poder-temor tiene grilletes llenos de resentimiento que tarde o temprano revientan en la comunidad gobernada por este tipo de régimen. En Río escondido, Regino Sandoval es el representante de este poder-temor para con su pueblo por demás discriminado. La imagen de este personaje resulta miserablemente odiosa debido a sus lamentables acciones sanguinarias, él muestra toda la fealdad en cuanto a sentimientos humanos se refiere y hasta cierto punto existe una voluptuosidad de su definición como hombre malo. Lo peor de este personaje es que tiene un pequeño ejército que lo respalda y obedece al instante. Don Regino o Patrón como le dicen sus sirvientes, es el demonio que esclaviza impunemente a los habitantes de su pueblo; los golpea, los mata, les viola en sus derechos y se apropia de una escuelita pública para hacerla caballeriza y meter a sus animales a dormir en un lugar tan sagrado.
[2]El director de la película da una enseñanza en cuanto a la eliminación de este personaje que destroza el bienestar humano del pueblo, solo que la media tomada para hacerlo resulta extremista. Primero se nos hace notar que el hombre puede reconocer sus errores y puede remediarlos con el arrepentimiento, después, si este hombre despiadado no hace una verdadera reflexión sobre sus acciones trasgresoras, entonces no hay más remedio que exterminarlo de la forma en como debe morir y de acuerdo al legendario refrán de “el que a hierro mata a hierro muere”. Así es como se termina con el caciquismo de Río escondido. Solo hace falta decir otro aspecto que nos lleva a ver como es que se termina con el poder-temor, y que muestra otra influencia de Einsenstein en Fernández, es decir la manera en como el pueblo después de tanta opresión libera ese maldito resquemor que les quema en los más interior de su humanidad y los eleva a la organización para encajonar al grupo de terror que los había pisado y escupido en su cara morena.
Sacralización de la escuela
Tan deprimente resulta la destrozada escuela del pueblo de Río escondido, sus paredes son solo una barrera al sol, al viento, al sonido casi nulo de la calle, solo que dentro de esa construcción se crean a los hombres y mujeres del futuro y progreso de México.
Esta es la idea que se imprime en la película. Desde el encargo del señor presidente de la república de ir a un pueblo alejado a Rosaura Salazar una maestra rural, nos encontramos con esta idea de la importancia de la educación y la sacralización de la escuela. Los discursos que Rosaura hace sobre la importancia de la educación son demasiado optimistas aunque no por ello imposible, solo que existe una esperanza casi dogmática en esta cuestión. Por un lado nos encontramos en que a pesar de la gran cantidad de alumnos que hay en la pequeña escuela de Río escondido, y por otro con la disparidad de edades entre estos últimos. No con ello digo que las diferencias de edades sean un freno a la creación de seres humanos sino que existe una contradicción en la manera en como se trata a los diferentes niños y lo cual causaría un descontrol cerebral en la maestra. Aparte, revisando uno de los discursos de la maestra Rosaura nos damos cuenta de que en las mismas palabras pone un lazo a los estudiantes, si bien da el ejemplo de Benito Juárez y su suplicio por llegar a la presidencia de la república, también lo es que los resigna solo a escribir y a ser hombres y mujeres de bien.
En cuanto a la sacralización de la escuela se puede agregar que esta se da en la presencia de un discurso que engrandece la institución escolar. Hasta cierto punto existe un fetiche de la escuela, un desmantelamiento de su naturaleza como inmueble para darle el ideal de templo del saber y esto se nota en los diálogos que se muestran y escuchan en la película, o como en la escena en donde se presenta sin ninguna vergüenza el cacique Don Regino en el aula de clases, manchando con su mala educación al no quitarse el sombrero, la imagen sagrada del templo del saber. La maestra les dice a los niños sobre la falta que ha hecho Regino y ellos lanzan un saludo que lo hacen poner en ridículo.
Esta escena nos pone de manifiesto la manera en como Emilio Fernández revela su interés por la educación, así como su respeto por esta y su intento por llevar este mensaje a todo espectador de una forma demasiado plástica. Él ve en la educación el vehículo capaz de llevar a México hacia la modernidad y prosperidad, si existe una buena educación que se respete y que no se pervierta con una mala influencia del docente entonces se llega a la creación de esos hombres y mujeres que darán la gloria que le corresponde al país. En esta parte podemos ver una vez más la influencia del director soviético en la película, en esa esperanza en los niños.Sin embargo esa misma esperanza se fuertemente ligada un nacionalismo que se muestra claramente en la película Río escondido.
La parte del nacionalismo
Las obras arquitectónicas que rodean el centro de la ciudad de México son un símbolo importante de la formación del imaginario de lo mexicano. Cuando Rosaura camina entre esas obras se nota el sentimiento nacionalista del director, más tarde la mujer llega al palacio de gobierno y se mete en sus agallas de concreto y cantera, después, al subir por unas escaleras ve ante sus ojos la historia de mexicana, desde la conquista hasta su época plasmados en un muro tan grande que cada detalle es preciso; ella ve a indígenas, españoles, libertadores, reformistas, revolucionarios que configuraron la sangrienta y surrealista historia mexicana. Durante su estancia en el palacio de gobierno, Rosaura escucha la voz de éste y se nota la su cara la emoción que le da escucharlo. La voz le narra las imágenes y ella es seducida por la historia. Más tarde llega al fin su trayecto por ese edifico y se encuentra, en el gran despacho presidencial al hombre que dirige al país. Rosaura intercambia unos diálogos con el presidente de la republica y este último le dice que tiene una misión que hacer, que su deber es ir a Río escondido a dar clases. Ella responde con un si al compromiso y se va al pueblo tratando de cumplir con su deber de maestra rural.
Lo anterior nos muestra parte del gran nacionalismo que se expresa en la película de Emilio Fernández, donde de una manera altamente fanática Rosaura busca cumplir con el peso del deber.
El nacionalismo es la exaltación de la nación como la gran verdad de la vida de una pueblo, de allí que la importancia de mostrar la parte da la historia de un pueblo como el mexicano sea gran trascendencia para llegara legitimar un poder. El nacionalismo que se ve en la película es producto de una búsqueda por la identificación de la mexicanidad, así como la descarada idea de legitimar la figura del presidente y su total compromiso con México. El designio de compromiso social no es solo para los profesores rurales, sino también para los médicos y demás profesionistas, ya que si existe un compromiso real, entonces se puede mantener el orden y prosperidad de un pueblo.
En general la película tiene ese nacionalismo que pretende hacer de la figuras de poder una deidad del progreso. Más allá de todos los aspectos plásticos de las escenas en donde se describe este nacionalismo, nos damos cuenta de que hasta cierto punto esta película sumamente conservadora y es una oda al partido gobernante en ese tiempo.
¿Qué nos queda de la película Río escondido? (a manera de conclusión)
Basta con ver a nuestro alrededor las siluetas multicolores que abundan en medio de la atmósfera urbana, igualmente podemos percibir los relieves duales de la naturaleza y lo rural, donde riqueza y pobreza blasfeman las malas intervenciones de seres malparidos por el deseo de poder. México es un país tan lánguido en cuestión económica y vulgar en política, pero al vez tan hermoso y rico en su naturaleza que parece un país inventado por sueños muertos, lleno de belleza y negación, donde los pensamientos flotan en el mar de la indiferencia y los murales contradicen al estado hegemónico. México es un país surrealista.
Ese surrealismo no solo es geográfico, sino que va más allá y se coloca entre el infinito de su cultura híbrida y la escasa manera en que se aprovecha la misma. José Vasconcelos nos dice que “en el suelo de América hallará termino la dispersión, allí se consumará la unidad por el triunfo del amor fecundo, y la superación de todas las estirpes. Y se engendrará, de tal suerte, el tipo de síntesis que ha de juntar los tesoros de la historia, para dar expresión al anhelo total del mundo” en su sublime ensayo de “La raza cósmica”. Sin embargo resulta cómico que a pesar de este gran tesoro cultural que tenemos, haya una malformación de la cultura como tal.
La película Río escondido nos muestra este surrealismo mexicano, desde la voluptuosidad del cielo se ven las contradicciones, el nacionalismo y la revolución duermen en un mismo palacio, el cacique único en cada pueblo viola los derechos de una gran mayoría, la mujer enferma se convierte en sinónimo de fortaleza, la mujer desplazada se suicida, los sicarios del cacique tienen sentimientos, un cura emula a otro cura y toca las campanas, dos encomendados a misiones rurales se encuentran y se enamoran, el agua es escasa para muchos y otros pocos se revuelcan en ella. Todo esto bajo un mismo peso del cielo. Las imágenes de la película son hermosas, el contenido es sumamente nacionalista y muestran ese deseo por unir a los pueblos bajo una misma causa, el progreso.
Queda por decir muy poco o bastante sobre la película, pero me gustaría resaltar la poética de las imágenes y la extática que el director logra en la película, ese orgasmo mental que nos expande al infinito de la percepción y nos dota de alegrías y tristezas, de muerte y depravación pero sobre todo, nos lleva al vomito artístico.
[1] El asunto que aquí va ser tratado no tiene como finalidad construir una definición de la estética de Einsenstein, ni mucho menos resaltar una postura más de la estética, puesto que la simple aparición de la palabra nos lleva a las dimensiones infinitas del arte como orgasmo mental humano y su encarcelamiento en una pequeña referencia resultaría una zafia grosería estudiantil.
[2] Mas adelante se hablara de la exaltación de la escuela como creadora del futuro y progreso.