
Alicia, una Puta. Parte I
Caminé por el camino verde esquivando las sombras de noche carcomida por el frío invernal hasta llegar al lupanar “Couché” del sur de la ciudad. Las luces amontonaban anuncios de artificio, la luna desmayaba su ánimo en espasmos de tiempo anulados y el prostíbulo encerraba ninfas del placer en sus paredes plásticas. Llegué con los sentidos excitados hasta el “Couché” donde vi a mi musa envuelta en vestido negro de escote prolongado que seduciría al mismo demonio. Sus ojos eran de obsidiana pura, su piel lisa anunciaba su delicadeza amorosa, sus senos persuadían al acto carnal y sus piernas exigían que una obra maestra las inmortalizara.
Camine unos pasos hasta llegar a su lado y le dije lamiéndole la oreja:
- La belleza de una puta radica en su mirada, puesto que atrae al más inmaculado de los seres humanos.
- Los hombres son artefactos que conjugan palabras llenas de labia que tientan a las mujeres a regalarles un fugaz momento de belleza pura. Son seres que se arrodillan ante la grandeza inmaculada de la mujer…y tú ¿contemplaras mi belleza?-contestó ella
- Contemplar es un verbo bello, pero el actuar dentro de ese contemplar lo exalta más, lo lleva a cabalgar sobre el lomo del placer óptico y rompe en llanto blanco-le dije
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