
El huracán está despierto.
Por fin nos encontramos ante la imposibilidad del absurdo a la inversa,
Colocando nuestros apetitos al sol de otoño.
Noche tras noche, semana a semana,
Siempre en la misma secuencia,
A veces se adultera la forma,
Pero siempre nos encontramos con la misma locura y destrucción,
Caminamos entre los mismos instantes pero en diferentes contextos,
La longevidad ni siquiera nos da un poco de amor,
Ni soledad, siempre lo arrebata todo.
Pero también nosotros le robamos respiros.
Lacayos del tiempo no somos,
Por que lo contaminamos,
Lo violamos y sardónicamente, jugamos con él,
Con su interfecto.
Colocando nuestros apetitos al sol de otoño.
Noche tras noche, semana a semana,
Siempre en la misma secuencia,
A veces se adultera la forma,
Pero siempre nos encontramos con la misma locura y destrucción,
Caminamos entre los mismos instantes pero en diferentes contextos,
La longevidad ni siquiera nos da un poco de amor,
Ni soledad, siempre lo arrebata todo.
Pero también nosotros le robamos respiros.
Lacayos del tiempo no somos,
Por que lo contaminamos,
Lo violamos y sardónicamente, jugamos con él,
Con su interfecto.
En mucho tiempo ni nos veremos,
Por que el huracán está despierto.
A los Quetzales dentro de la voluta del placer y el dolor.


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